A través de los relatos de esta vecina mosense, descubriremos los pros y contras de vivir en China, las costumbres de una cultura tan diferente y todas la experiencias de una familia gallega afincada en Zhengzhou
La vida es siempre un gran interrogante, nunca sabes lo que te deparará el futuro. Si hace unos años me dijeran que mi vida dependería de donde rueda un balón, no me lo creería y, en realidad, aún me cuesta creer que esta vez el balón rueda en Zhengzhou, una ciudad de la lejana China.
Zhengzhou es la capital de Henan, provincia “chinísima” ubicada en el centro del país. La ciudad es una pequeña urbe de 9 millones de habitantes si la comparas con los 100 millones que tiene la provincia, lo que la convierte en una de las más pobladas del mundo y en la que prácticamente su totalidad solo hablan chino. Como podéis imaginar todo esto hace que surjan un millón de anécdotas .
Adaptarse a esta cultura lleva su tiempo, y aún así resulta complicado. Lo primero que deberíamos saber es que para viajar a China no vale con un simple buscador de “vuela barato” y encontrar billete. Esto lo puedes hacer, aunque no es recomendable, antes debes sacarte un visado de turista, proceso que lleva 5 días laborables en el consulado Chino en Madrid y asegurarte de que el billete es de ida y vuelta, con regreso antes de un mes. La cosa se complica, pero mucho más si es por un largo periodo laboral, donde la burocracia y los trámites pondrán a prueba la paciencia de cualquiera. En la ventanilla del consulado, empiezas a entender lo que te espera a 9.691 km.
Una vez tengamos el billete y el visado “empieza la aventura”, por delante 27 horas y un mínimo 3 escalas. Como entrante el Vigo-Madrid que todos conocemos, la azafata del mostrador al decir nuestro destino ya nos ve con cara extraña, el plato fuerte llega con el Madrid-Shangai, 15 largas horas en las que te duermes, te despiertas, vuelves a dormirte y al despertar todavía quedan 8 horas de viaje, en las que no sabes si la bandejita de comida que te dan es para comer, cenar o desayunar, en nuestro caso a todas estas horas tenemos que sumar que viajar con dos niños pequeños lo hace un poquito más entretenido…
Al llegar a Shangai toca recoger maletas y volver a facturarlas, ya que la normativa China no permite la facturación directa a destino final desde España, si tienes un vuelo doméstico en China. Aquí empiezas a descubrir lo que es una cola de espera de verdad, verás gente por todas partes. Pasar los controles de seguridad es otra pequeña aventura en la que llama la atención que te hagan abrir biberones y que pruebes su contenido, cuando estamos acostumbrados a la normativa Europea (maquinita y listo).
Y para terminar el postre, Shangai-Zhengzhou, 1 hora y 45 minutos, que en realidad se hacen cortas después de lo vivido. Al aterrizar lo mejor que puedes hacer es cruzar los dedos para que este todo tu equipaje en la cinta de recogida. En nuestro caso no tuvimos suerte, paseo al mostrador de reclamaciones, en el que a pesar de estar en un aeropuerto internacional fue imposible entendernos en inglés, primera llamada al traductor y a esperar…

