Callos á Vader

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¿Dónde está la línea entre ser un graciosete y un idiota? ¿Cuántos piercings y tatuajes son el límite para ser una persona “normal”? La verdad es que aquí en Madrid los baremos son muy amplios, tal vez demasiado, en algunos casos. 

Hace unas semanas, con motivo del estreno de la nueva película de Star Wars, nos encontramos una mañana con cabezas gigantes de Stormtroopers y Darth Vaders por toda la ciudad. Algo muy divertido y, sin duda, motivo de fotos instagrameras para muchas personas. Sin embargo, hace unos días me enteré de que el casco de una de las cabezas de Darth Vader fue robada, dándole la apariencia de una bola de billar enorme.

Y yo me pregunto, ¿cómo puede ser que en una ciudad en la que se está pidiendo un cambio ético en la política, y en la sociedad en general, ocurran niñerías de este calibre?, además, ¿alguien me puede explicar el uso?, porque como no lo quisieran para bajar el Manzanares montados en él o para hacer una ración de callos en condiciones...

Claro está, siempre hay quien defiende esta nueva estética alopécica del Señor Sith con frases como “bah, eso fueron dos niñatos de borrachera”. Sin embargo, esa excusa me parece pobre, y más para una persona como yo que lleva asistiendo al Resurrection Fest unos cuantos años. Para los que no sepan de lo que hablo, se trata de un festival que se organiza en Viveiro (precioso pueblo, no dejen de visitarlo) y que concentra a miles (el año pasado sobre 50.000) de metaleros, punkarras y hardcoretas. Ni que decir hay que la mayoría con apariencias digamos de no presentarlos a tu abuela, con tatuajes hasta las cejas, literalmente, y dilataciones en las orejas del tamaño de un bote de Pringles.

Pero aquí llega el punto importante. De todas esas personas, que para muchos cromañones de mente cerrada y lengua larga serían indeseables, no recuerdo un incidente importante ni destrozos de magnitud. Latas por el suelo, gente borracha y algún que otro desmayo, eso sí, pero que coño, ¿se trata de un festival veraniego no?. Lo que trato de decir es que este tipo de hurtos y destrozos no tienen que ver con la apariencia sino con la mentalidad y la conciencia de cada persona individualmente.

Entonces, ¿por qué seguimos viviendo en una sociedad en la que se cuenta más a la hora de juzgar a alguien sus rastas hasta las rodillas y no la forma en la que trata a las demás personas y su entorno?. Y aunque parezca contradictorio, sí es cierto que en la capital te acostumbras, aunque solo sea por la cantidad de gente que hay, a ver personas de todo tipo. Pero, precisamente por esto, es mucho más común ver a una señora del barrio de Salamanca quejándose de los “zarrapastrosos esos” pidiendo en la calle o (algo que me rompió todos los esquemas esta semana) los festejos falangistas por el 40 aniversario de la muerte de Paquito de Ferrol.

No se trata de imponer ideas, sino de abrir los ojos y fijarse más allá de lo puesto. Quizás es un cabreo excesivo por el casco del, ahora apepinado, Darth Vader. Pero para todos los que tienen que sufrir, muchas veces más que vivir, esta sociedad solo me queda decir:

Que la fuerza os acompañe.

 

Foto y texto: Arael Arias Chao, graduado en Publicidad y RR.PP. 

 

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