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Star Wars: El Despertar de la Fuerza


La última película de la saga más querida y añorada por todos ya está aquí. Star Wars regresa a manos del aclamado director J. J. Abrams y de Disney. Esta vez, George Lucas se sale del tren para dejar su obra a una de las productoras más exitosas del cine y, es que, estas películas están claramente destinadas a formar a una nueva generación.

J. J Abrams no ha arriesgado con El Despertar de la Fuerza. Tiene claras intenciones de satisfacer a los fans más antiguos, y de hacer que los más pequeños encuentren en los nuevos personajes sus iconos cinematográficos, como antaño hicieron sus padres con los clásicos.  Esto es algo que el director ha ejecutado a la perfección. Los guiños son continuos durante toda la trama, incluso a veces da lugar a cierta sensación de déjà vu.

Los personajes actuales tienen fuerza. El personaje protagonista femenino, Rey,  interpretado por Daisy Ridley es fabuloso porque tiene casi todo lo que tiene que tener un personaje de una saga de esta índole: intriga, empatía y valentía. Además, que la actriz lo interpreta verdaderamente bien; junto con Harrison Ford, son las mejores y más destacables interpretaciones de la cinta. John Boyega simplemente está correcto y de las apariciones de Leia y de Luke poco se puede decir, habrá que esperar a las siguientes películas para opinar. El villano, sin embargo, deja mucho que desear en algunos momentos, pero hay que reconocer que lo tenían difícil, es inevitable compararlo con Darth Vader y el Emperador Sith y ellos, poseían demasiado carisma.

El Despertar de la Fuerza no me ha parecido mala pero no me sorprendido lo más mínimo. Tan solo me ha entretenido. El Despertar de la Fuerza se ha convertido en una introducción demasiado introductoria: no ha explicado prácticamente nada. Poco más se sale de lo que señala en la sinopsis. A nivel técnico es convencional. Echo de menos una gran escena que te haga saltar del asiento como con la aparición de Quicksilver en X-Men al son de Jim Croce, o las brutales carreras y batallas de la nueva película de Mad Max. Ese tipo de escena mágica, llena de efectos especiales y que está rodada con tanta maestría, que todo amante de la ciencia ficción acaba guardando en su memoria.

Como fan de Star Wars, se tiene que agradecer que hayan sido valientes para volver a hacer una saga con personajes completamente nuevos. Para los fans más antiguos, tenemos que asumir que jamás sentiremos la misma sensación que hemos sentido viendo las películas más clásicas. Sin embargo, no nos engañemos, seguiremos esperando con ansias, poder descubrir y saber más sobre el mundo galáctico. Menos mal que la espera sólo durará hasta 2017. Ya queda menos.

  • Escrito por Marta Cebreiro

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Somos los protagonistas

Suena el despertador. Una empresa de comunicación espera mi llegada para la realización de una entrevista. Una vez allí, me comunican que debo realizar varias pruebas. Cuando me dispongo a realizar la última de ellas, la sorpresa me invade. Leo “Haz una exposición acerca de los avances de la robótica en el XXI”. Sí, desde luego ha sido algo inesperado. Totalmente. ¿A qué estudiante de Marketing y Comunicación no le sorprendería esta pregunta?
Al principio siento cierta reticencia a dicho tema. Sin embargo, me pongo las pilas y empiezo a escribir. Aunque no estemos especializados, todos sabemos algo de esta rama tecnológica. Todos conocemos lo que ha supuesto la robótica y la automatización en la sociedad y, en especial, en el mundo laboral. Las máquinas han conseguido desbancar a muchas personas de sus puestos de trabajo y, desafortunadamente, somos testigos de ello a diario.
Viajar tranquilamente con la familia o con los amigos, llegar al peaje y que sólo haya un par de  máquinas para cobrarnos;o bien, ir al supermercado a hacer la compra de la semana y que cada vez sea mayor el número de cajas para autogestionar nuestra compra sin necesidad de que ningún ser humano lo haga. Sí, lo sé, es natural y sorprendente que la tecnología haya avanzado tan rápidamente en los últimos cincuenta años. Es increíble observar cómo las máquinas han facilitado la vida de los seres humanos pero, ¿hasta qué punto?
A día de hoy, el país no vive su mejor momento económico y millones de personas se encuentran parados. Sin trabajo, sin sueldo, sin poder mantener a sus familias. Es el momento de fomentar el empleo y de crear nuestos puestos laborales. No obstante, las máquinas están ahí, sustituyendo a los que no tienen trabajo. Sustituyendo a las personas. No me he quedado obsoleta. Estoy a favor del progreso y de los avances en todos los sectores. De hecho, es maravilloso que el ser humano haya sido capaz de crear y desarrollar toda la tecnología que poseemos y que tanto nos ha facilitado la existencia. Sin embargo, considero que es necesario hacer una parada en el camino. El término medio existe. La tecnología debe ser complementaria al ser humano, en ningún momento sustitutiva. Los seres humanos pensamos y sentimos, somos la esencia de la vida. Por favor, que las máquinas nos faciliten la vida sí, que nos reemplacen no.
La tecnología forma parte de nuestras vidas. Es estupendo. Aún sí, no debemos olvidar que somos los protagonistas de la historia. La robótica sólo ha sido la protagonista de mis pensamientos, la de mi prueba para una entrevista de trabajo.

Firmado: María García Rodríguez, Graduada en Publicidad y Relaciones Públicas y especializada en Marketing Internacional y Comunicación.

  • Escrito por Marta Cebreiro

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Espectáculo masivo

“GOOOOOOOOOOOL”, escuché mientras terminaba de cenar. Diez y media de la noche. Un periodista deportivo se estaba desgañitando. Literalmente. Un partido de fútbol se estaba disputando, como la mayoría de los sábados en esta etapa del año. En ese preciso momento, una imagen sobrecogió mi mente. La estampa de millones de personas viendo el partido sin pestañear, sentados en el sofá de su casa, o bien, en el bar de al lado con unos cuantos amigotes. Expectantes y concentrados en que su equipo gane el partido. ¿Por qué se trata del espectáculo más consumido en España?

Situémonos. Noche de clásico en el país. Es decir, el Barcelona y el Real Madrid se disputan en horario prime time. Si salimos a caminar por cualquier municipio, podremos comprobar como las calles se vacían progresivamente. La causa, un partido de fútbol, “el gran clásico”. Es sorprendente el furor que causa este deporte. No obstante, todavía lo es mucho más el hecho de que otros deportes no ocasionen semejante expectación. Deportes que presentan una complejidad técnica mayor, deportes que requieren más horas de entrenamiento o deportes que poseen una larga trayectoria en la historia no son tan reconocidos. Niños, adolescentes, adultos y mayores son partícipes en el ámbito deportivo. No solamente en el fútbol. Sin embargo, éste tiene el monopolio mediático. Y por si esto fuera poco, su promoción no se respalda en el desarrollo del deporte en sí mismo, sino en el circo que lo rodea. Sabéis a qué me refiero, ¿verdad?

El fútbol se ha convertido en un magnífico negocio. Se trata de un instrumento de distracción social. Ni más ni menos. Mientras la gente de a pie sigue fanáticamente a su equipo y comenta los nuevos fichajes de la temporada, otros buscan desviar su atención de las catástrofes y corrupciones humanas. Y lo consiguen. El consumo masivo de fútbol no mejora la relación con el mismo, sino que posibilita que cuatro listillos se embolsen grandes fortunas. Resulta bochornoso. El fútbol ha dejado de ser un simple deporte para covertirse en puro espectáculo.

Estoy a favor del deporte. Resulta agradable jugar una pachanga con los amigos o hacer unos largos en la piscina a media mañana. Estoy a favor de ese deporte, el que se vive y se disfruta en primera persona. El fútbol profesional ha dejado de serlo. No permitamos que nos laven el cerebro. No olvidemos lo que decía Borges “el fútbol es popular porque la estupidez humana es popular”. Nada más que añadir.

Firmado: María García Rodríguez, Graduada en Publicidad y Relaciones Públicas y especializada en Marketing Internacional y Comunicación.

  • Escrito por Marta Cebreiro

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Sicario: cine sobre el narcotráfico bien llevado

La nueva película dirigida por el canadiense Denis Villenueve se titula Sicario: un thriller policíaco sobre drogas, protagonizada por un espléndido Benicio del Toro, una más que creíble Emily Blunt y, un también correcto Josh Brolin. Emily Blunt, una agente del FBI, es reclutada para luchar contra el narcotráfico en la frontera entre México y EE.UU durante una misión secreta.
Técnicamente, la primera parte de Sicario es magistral: se asegura la tensión y la acción durante la marcha de los agentes en la frontera de México. La consecución de planos generales de los coches policiales pasando por la frontera, en contraposición con los primeros planos de una Emily Blunt repleta de nervios y miedo ante la incógnita de la misión a la que se enfrenta, están narrados con gran destreza. En varios momentos, el espectador se sentirá sentado al lado de Blunt y, sintiendo su misma angustia.
El tempo de esta película es destacable porque a pesar de que tiene una primera parte llena de acción, Sicario se vuelve completamente reflexiva y profunda en la que es más importante el análisis psicológico de los personajes que la trama general en sí.
Sicario no es una simple cinta de drogas,  sino la representación en el cine, de una verdadera lucha moral. Los propios espectadores, nos plantearemos los dilemas morales por los que pasan los protagonistas, no sólo a través del papel idealista de Emily Blunt sino también  a través de la posición del sicario.
Sicario nos asegura efectos especiales, acción y también profundidad, lo cual, siempre hay que apreciar y valorar en el arte del cine. Con Sicario podemos esperarnos la clásica película policial sobre drogas; esas que Hollywood está acostumbrado a mostrarnos tres o cuatro veces al año, pero en realidad, se sale de ese tópico y, gracias a una buena dirección y a un tempo más que bien llevado, Denis Villanueve consigue una obra propia y única.
Para todos aquellos que les apetezca ver: explosiones, asesinatos, arrestos y rescates, esta no es vuestra película. Sin embargo, si estáis preparados para ver una cinta en la que se analizan dilemas morales y donde la mente y reflexiones de los personajes son los verdaderos protagonistas, Sicario no os dejará indiferente.

Firmado: Ana Lage, graduada en Publicidad y Relaciones Públicas y especializada en Cine

  • Escrito por Marta Cebreiro

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