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VAL DA LOURIÑA

El ayuntamiento de Porriño está situado en el Valle de la Louriña, al suroeste de la provincia de Pontevedra que pertenece a la comarca de Vigo y al partido judicial de Porriño. Su territorio, atravesado por el rio Louro, forma parte de la comarca natural de Louriña y sus límites geográficos están marcados por el norte, los municipios de Mos y Vigo; por el este Ponteareas y Salceda de Caselas; por el sur Tuy y por el Oeste Gondomar. Ocupa una extensión de 61.2 Kilómetros cuadrados, distribuídos en las parroquias de Atios (Santa Eulalia), Cans (San Esteban), Chenlo (San Juan), Mosende (San Jorge), Pontellas (Santiago), O Porriño (Santa María), San Salvador de Budiño (San Salvador) y Torneiros (San Salvador), que están adscritas a la Diócesis de Tuy-Vigo.

La localización del yacimiento de las Gándaras de Budiño (San Salvador de Budiño) testifica la primitiva ocupación de estas tierras por parte de un grupo de cazadores cosechadores del antiguo paleolítico. En Atios se encontraron después restos pertenecientes a la edad de bronce, etapa a la que se atribuye la presencia de armas en varias cistas, mientras en el monte Faro de Budiño aparecieron vestigios de la ocupación castrense, concretamente de una villa romana y de la vía que pasaba por ella, uniendo Pazos de Reis (Tuy) con Redondela y con las áreas marítimas de Vigo y sus alrededores. Este hallazgo da una idea de la importancia comercial y estratégica de estas tierras, debido a su privilegiada situación con respecto a las principales vías de comunicación.


  Durante el asentamiento suevo, en especial en el reinado de Hermerico I, y más tarde, con la unión por parte de los visigodos, se produjo la consolidación del régimen señorial, materializada en la existencia de fortalezas ya desaparecidas, como la de Miravel, situada en el monte de Castelo de Cans, o la de Orbenlle, en el lugar del mismo nombre en San Salvador de Budiño. Uno de los aspectos más significativos de este sistema fue el continuo aumento de poder del clero, incrementado sobre todo a comienzos de la baja edad media, con la donación hecha por Alfonso VII al Monasterio de Canales (Cans) en 1151, una propiedad que después paso a manos del Convento de Santa María de Melón. Poco a poco, y gracias a múltiples concesiones reales, la Iglesia se fue haciendo con el control de la mayor parte de las tierras del Ayuntamiento.


  Durante el siglo XV se produjo cierta estabilidad sociopolítica, que comenzó con la integración de Galicia a la política del nuevo estado instituido por lo Reyes Católicos. Pero esta tranquilidad se truncó a mediados del XVII, pues estas tierras no quedaron al margen de los renovados enfrentamientos entre Portugal y España. En 1655, tras recorrer varios pueblos, las tropas portuguesas al mando del Conde de Prado entraron en estas tierras y saquearon todo lo que encontraron, incendiando sus edificaciones e incluso la fábrica de pan. Después de este cruel episodio y tras la paz firmada en 1668, la villa volvió a gozar durante varios años, de una calma solo interrumpida por pequeños incidentes durante las luchas carlistas y, antes de esto, por la Guerra de la Independencia, que dejó para el recuerdo 103 fallecidos registrados en 1809, después de que tuviese lugar en los campos de Torneiros, la llamada “Batalla do Fulgueiro”. El fusilamiento de Manuel de Martos, sacristán de esta parroquia, en la tarde del 12 de Marzo de ese año, motivó el levantamiento popular contra los franceses, con la posterior liberación de Porriño.


  Durante el Antiguo Régimen de las parroquias que forman el actual Ayuntamiento, integrado en la provincia de Tuy hasta su inclusión definitiva en la de Pontevedra, pertenecían a la jurisdicción de Porriño, que era señorío del Conde de Salvatierra, con la única excepción de San Salvador de Budiño, que estaba regida por los propios vecinos. Tras la proclamación de la Constitución de 1812 surgieron los Ayuntamientos de Porriño y Mosende, suprimidos por Fernando VII. Con la recuperación del municipalismo, en 1835, se unieron en el de Porriño que, con la misma superficie que tiene actualmente, quedó integrado por siete parroquias, hasta que, en 1904 se creó la feligresía de Cans, segregada de la de Atios. En 1924 se constituye Chenlo como entidad local menor, un reconocimiento que le permite elegir en las elecciones municipales, un alcalde pedáneo.


  En los últimos años de la Guerra Civil, aproximadamente hacia 1938, se extendió la noticia sobre la presencia de un grupo de guerrilleros que actuaba contra el régimen franquista en las inmediaciones de Vigo. El 19 de Diciembre de 1939, en la carretera de Porriño a Gondomar, uno de sus actos culminó con un atraco tras el que este colectivo se hizo con un botín de 12.000 pesetas de un coche dela Unión Exportadora de Aves de Porriño. La banda siguió actuando en la zona durante la posguerra hasta 1945; el 14 de Agosto de este año un nuevo golpe contra un vehículo de Distribución de Huevos Jiménez terminó con la muerte de parte de ellos a manos de la Guardia Civil, mientras los supervivientes fueron capturados y ejecutados en Septiembre de 1946.


  Ya en los años 60, las transformaciones económicas que se produjeron en el conjunto del estado, como consecuencia del Plan de Estabilización del 59, se tradujeron en la creación del Polo de Desenvolvimiento y, en consecuencia, en la posterior prosperidad industrial del municipio.


  Según las referencias documentales existentes, Porriño debió surgir a partir de los barrios de San Benito y San Sebastián, en estrecha relación con la celebración de una feria en esa misma zona. Su posterior desenvolvimiento urbanístico se produjo a partir del siglo XIX, momento en el que creció en sentido longitudinal. Al lado de algunas de las calles que constituyen su zona histórica, trazadas probablemente en el siglo XIX sobre caminos más antiguos, están situados los edificios más destacados de su arquitectura. Fueron proyectados, en su mayoría, con base en el eclecticismo que, a finales de este siglo, buscaba fórmulas y nuevas propuestas que rompieran con la rigidez del neoclasicismo dominante. Muchos de ellos llevan la firma de arquitectos como Jenaro de la Fuente o Antonio Palacios, este último sobresaliente representante del modernismo español y oriundo del municipio, en el que dejó su huella.

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